Y se te
hace chiquito el corazón cuando lees de una niña decapitada en Rusia, una niña
muerta por unos pitos u once hombres trabajadores que encontraron la muerte
haciendo lo que pedía su empleo.
Y te da
miedo, mucho miedo. Da vergüenza la humanidad, el sentimiento de impotencia, de
saber que poco o nada puedo hacer. Me da miedo por Paolita y le pido perdón por
el mundo que le estoy dejando, porque no es su culpa llegar a un mundo cada vez
más enfermo, más deprimente, un mundo que no distingue de edad, raza, sexo,
cuando te ataca, te tumba, te tira al piso y solo Dios contigo. Por eso la
encomiendo en manos de Dios todos los días y le pido fortaleza y vida para estar
a su lado muchos años más, para ayudarla a formarse, que seamos la familia:
mamá, papá e hija que debemos ser, la que Dios ha planeado para nosotros. Solo
quiero ser la mujer, madre, esposa e hija quiere que sea. Que me dé el
discernimiento para mostrarle a mi hijita que aún con lo mal que está este
mundo, confiando en el hijo, el padre y el espíritu santo, tomándonos de su mano podemos salvar nuestra alma y
sobrevivir a este mundo. Esa es mi esperanza y mi oración…

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